Mi pasado irrumpe de súbito en mi presente, / no un pasado muerto, un pasado vivo…

Es curioso observar que muchos recuerdos regresan repentinamente pasados los años cobrando un significado distinto al que antes tenían para nosotros, como el evocarlos con una cierta distancia temporal proporciona una nueva perspectiva, un nuevo ángulo de visión, no sólo por lo que hayamos cambiado sino porque dispongamos de nueva información y hayamos acumulado nuevas experiencias en nuestro bagaje vital que dan un nuevo sentido a lo que hayamos vivido anteriormente, si bien con los recuerdos de infancia ocurre de una forma algo diferente que con los recuerdos posteriores debido a su especial naturaleza.

Con el paso del tiempo, entre las pérdidas que todos inevitablemente sufrimos, de las más importantes suelen ser las de muchos enlaces, sean con forma material o no, con etapas anteriores de nuestra xvideos, de modo que al volver la vista atrás, los sucesos, las escenas de nuestra infancia y aún después retornan a nosotros desprovistos de una cierta consistencia que sí que poseen los hechos recientes, lo que termina por hacerles parecer irreales y puede llegar incluso a suscitar la duda de que algunos de ellos realmente ocurrieran, y es que estos enlaces con nuestro yo pasado se ven más fácilmente debilitados por los sucesos que de cuando en cuando determinan un cambio de importancia en nuestra pequeña vida y que son un marcador que separa lo que fuimos antes de lo que hemos sido después.

Es curioso también observar que a veces hasta se recuerdan más claramente las anécdotas que quienes han estado más cerca de nosotros en nuestra infancia nos han contado y de las cuales somos protagonistas que lo que sí hemos vivido, y puede que ese aparente recuerdo no sea más que el intento de imaginarnos viviéndolas. Al recordar, nos preguntamos que quedó de nuestro ayer, cómo éramos y cuál es el camino que hemos recorrido, y nos puede sorprender encontrar en nosotros algo de lo que no teníamos constancia que fuera así ya antes, como ciertas actitudes, ciertos modos de obrar que ya dejaban ver cómo seríamos, o ciertas creencias que después rechazamos por desacuerdo o porque eran consecuencia de falta de experiencia y conocimiento, o también por descubrir que ya sabíamos algo que no nos impidió cometer un error pese a haber podido calibrar previamente las consecuencias (a lo cual nos exponemos toda nuestra vida), o que ciertos indicios señalaran que terminaríamos tomando el camino que hemos tomado (ojo con esta última afirmación, cuando afirmo tal cosa lo hago en unos términos quizá demasiados generales a la vez que nada aprehensibles).

De vuelta al principio, pasado cierto tiempo observamos que los recuerdos de infancia regresan con un color diferente, y nos hacen sonreír, nos enternecen, nos entristecen o, como ya he comentado, nos sorprenden por lo que descubrimos en ellos, y e intentamos ver lo que quedó de aquella época, lo que teníamos y éramos antes de la gran ruptura que en cada vida supone la mayor toma de conciencia del mundo (salvo cuando por las condiciones en que se haya vivido ésta sea prematura), pues tras esa barrera todo lo anterior se vuelve nebuloso y suelen ser más los recuerdos sin ubicación ni sentido que aquellos a los que sí que damos (o intentamos dar) un valor. Contrariamente a lo que pueda parecer, no es nostalgia lo que siento al escribir estas líneas.

A decir verdad, yo no volvería a dar vida a aquella niña que yo era. Al repasar el ambiente que la rodeó percibo ahora en él ciertas cosas de las que entonces podía no ser del todo consciente pero que si hoy pudiera quizá cambiaría, mas no por protegerla, no, sino por sanarme. Verla a ella y cómo era me apena más que me enternece, me hace sentir una extrañeza dual, ella en el hoy y yo en el ayer. Ahora tengo algo que ella no pudo tener; ahora no viviría lo mismo que ella vivió. Mas ahora sé que hay otras cosas que no conozco de ella, que he olvidado, que quedaron en el camino y que yo quisiera recuperar, aunque sólo sea durante un breve instante, para verlas al menos una vez, o quizá para descubrir lo que no he sabido. El tiempo puede llegar a convertirnos en unos extraños de nosotros mismos.

¿Empresarios cuándo fue la última vez que patrocinaron un programa cultural?

Los empresarios se quejan de que la televisión difunde muchos programas que degradan a la sociedad, pero uno se pregunta, ¿cuándo fue la última vez que patrocinaron un programa cultural?

La Asociación A Favor de lo Mejor no escatima recursos. En lo que su director, Francisco González Garza, describe como un “observador público” de los medios de comunicación, el organismo privado tiene 80 monitores que vigilan como Gran Hermano toda la programación de la televisión, y 15 especialistas en análisis de contenido quienes les colocan colores a los programas: verde, para lo que cae en buen grado de calidad; amarillo, para lo que consideran “un asunto de preocupación”; y rojo para todo aquello que resulta “inconveniente y preocupante”.

De esta manera, tienen pintado de rojo a toda la barra televisiva de 10 a 10 y media de la noche, como también a programas como Big Brother, La Oreja y Sex and the City por cierto, una de las series estadounidenses de mayor éxito en ese país y el mundo. A punto de llegar al rojo tienen la historieta de Los Simpson, que se ubica en la frontera del amarillo, color que comparte con todas las películas del cine mexicano, todos los videos porno, las principales telenovelas y Ventaneando.

En su página de internet (www.iccm.com.mx ) establecen que no pretenden establecer juicios de aprobación o descalificación, sino servir de mera información para el teleauditorio a fin de que tengan elementos para tomar una decisión sobre verlos o cambiar de canal. Cuidadosamente redactado, el texto de presentación aclara que no debe ser interpretado como un acto de censura. A Favor de los Mejor subraya, en cambio, su intención altruista.

En el pasado, sin embargo, empresarios vinculados a la organización amenazaron con retirar la publicidad de programas y noticieros en el caso del Canal 40 lo cumplieron por una denuncia contra el fundador de Los Legionarios de Cristo, con el propósito de modificar programas o contenidos. Hoy, de acuerdo con fuentes de la industria, hay una mayor sutileza. No son explícitos en las amenazas o las presiones, pero dejan sentir implícitamente lo que hay detrás de sus preocupaciones. Esas actitudes han coincidido con la cancelación del popular programa Toma Libre que conducía Facundo, y con prohibiciones expresas a decir ciertas palabras para los integrantes de La Academia.

A Favor de lo Mejor se ha convertido, en el mejor de los casos, en un guardián de las buenas costumbres, reflejando, como suele suceder, las tensiones en la sociedad. La pregunta pertinente que tiene que hacerse es quién decide qué se lee, qué se escucha y qué se ve videos xxx. Son muchos los actores que desean asumir la decisión: el gobierno, la Iglesia católica o los grupos de presión, por mencionar a los principales. Luchan incluso entre ellos, coincidiendo en ocasiones o discrepando en otras. Hace buen tiempo había un choque entre el gobierno y la Iglesia y los grupos de presión cercanos a ella. Hace poco se daba una coincidencia que el gobierno manejaba con discreción. En la actualidad, como declaró la semana pasada Alejandro García Centeno, director de Contenidos de la Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía de la Secretaría de Gobernación, coinciden y avalan.

No se necesita declarar abiertamente la temporada de censura para caminar por ese sendero. La censura empieza cuando un árbitro autodesignado de la moral pública, citando siempre el bien común, busca imponer su visión del mundo sobre los otros. Esta práctica comenzó en el año 443 antes de Cristo, cuando la Comitia Centuriata, uno de los órganos de gobierno del viejo Estado romano, estableció la oficina del censor. Originalmente se encargaba de realizar el censo para fines nalgonas fiscales, electorales y militares, pero su poder fue creciendo gradualmente hasta llegar a convertirse en el árbitro de los comportamientos y de la moral.

En A Favor de lo Mejor hay un tufo autoritario de censura. Es posible que sus miembros, o cuando menos la mayoría de sus miembros o sus padrinos, ni siquiera se planteen este dilema, pues transfieren su juicio y sentido común a vulnerar la libertad de expresión. Aunque sostienen lo contrario, la simple difusión de sus calificaciones inducen coacción de libertades. Ese tipo de organizaciones presionan para alertar sobre contenidos y se asumen como portadores de la verdad absoluta. Pero objetivamente hablando, ¿quién define lo que es moral y lo que no lo es?

La ola conservadora no nos deja. En ocasiones nos da un descanso, pero luego vuelve a atacar. Si uno analiza por juicio, gusto o estética, hay programas en los que se puede coincidir en la calidad con las mediciones de A Favor de lo Mejor. Pero éstas no pueden ser tomadas sobre la base de la moral porque el argumento ético-religioso que esa palabra implica sólo polariza a sociedades.

Lo que para uno es correcto, para otro puede ser absolutamente incorrecto. La ética que significa lo mismo que moral pero sin la inclinación cultural religiosa es un conjunto de valores que pesa sobre un individuo en función de su entorno, educación, cultura y referentes. No es una ciencia exacta que sea igual para todos, sino es diferente para todos, y hablar en nombre de las buenas conciencias y la buena moral nos remite, como sociedad, a un oscurantismo con máscara de modernidad. A Favor de lo Mejor equivocó el camino.

Si la televisión tiene una programación deficiente, con programas de bajo nivel cultural que no contribuyen al elevamiento de los niveles educativos, en buena parte es la actitud de los propios empresarios y anunciantes que intermitentemente gritan contra la degradación en la calidad de la programación. La mayoría de los programas de los que ahora se quejan tienen el rating que atrae su publicidad. Los programas culturales o aquellos que nutren el conocimiento murieron de inanición publicitaria. Los empresarios no apuestan por los mejores niveles culturales, sino por sus utilidades.

En la reorientación de sus presupuestos y la apuesta por programas de calidad está una solución a sus preocupaciones, no en actitudes hipócritas y moralinas que de cuando en cuando enarbolan y mantienen hasta que vuelven a necesitar vender sus productos a la masa. Sería sobre ellos una mejor medición de su compromiso con la calidad y la educación. Es su comportamiento, no los contenidos ni la libertad de expresión, lo que debe revisarse.

¿Mentira y censura?

EL 4 de junio pasado el Instituto Estatal Electoral de Chihuahua organizó el debate a que obliga la ley, entre candidatos a gobernador del estado, exactamente un mes antes de las elecciones. La norma obliga a la celebración “de cuando menos uno”, y precisamente hasta ahí pudo la resistencia del candidato priísta, quien desechó la propuesta de la coalición Todos somos Chihuahua de llevar a cabo tres eventos. Eludirlo hubiera significado, además del despropósito político, una violación a la ley.

Sin embargo, todo se orientó a minimizar el debate, incluida su transmisión por radio y televisión, lo que hasta el mismo día se concretó en algunos canales de televisión en Ciudad Juárez y la capital, en vivo y en directo, y en otras ciudades del estado el debate se retransmitió en la madrugada. Se programó en viernes, para tratar de darle mate en sábado y domingo, cuando no hay noticieros. A la celebración del debate vino una de la campañas mediáticas más intensas, y costosa, para imponer a los hechos verdaderos, una realidad virtual en la que el candidato Reyes Baeza emergía como triunfador, ganón de todas todas, y apuntalado por una serie de encuestas absolutamente falsas y tendenciosas, entre ellas la del señor Roy Campos, propietario de la empresa Mitofsky, que a los 16 minutos de concluido el debate apareció en la pantalla de Televisa para dar a conocer el procesamiento de ¡3 mil 274 llamadas telefónicas! Se pagaron desplegados, se sacaron spots de radio y televisión donde Baeza en pleno vituperio por lo de alabanza en boca propia se declaraba ganador de la confrontación de ideas. Envueltos en el festín mediático de su triunfo imaginario, el coordinador de la campaña priísta, el profesor porno, tuvo un desliz cuando lanzó un reto para un segundo debate, ofreciendo su disposición para celebrarlo sólo si, en calidad de “revancha” lo solicitaba el que esto escribe, como candidato de la coalición PAN, PRD y Convergencia. Respondimos aceptando en la calidad que quisieran, y adicionamos una propuesta: la retransmisión del debate del 4 de junio a todo el estado por radio y televisión, compartiendo a la mitad los gastos. Si como afirma el señor Mitofsky, ese debate lo había ganado de calle el candidato del PRI, por qué habrían de oponerse a la retransmisión. En el mejor de los casos sólo seguiría cosechando votos y números favorables, un empujón más a su campaña, con dinero de la nuestra. Al operativo publicitario para fabricar el triunfo que no tuvo en el debate vino otro para sacar de la información general de medios el asunto. Muchos chihuahuenses, entre ellos miembros del PRI, están consternados por la manipulación informativa de estos días, piensan, y con razón, que el dato es muy delicado: si eso hacen frente a un hecho visto por cientos de miles de chihuahuenses, qué no harían en el caso de llegar con todos los instrumentos de poder para mantener ocultos o simular otros asuntos no tan públicos.

En nuestra coalición, decidimos orientar bien el dinero y hemos reproducido miles de copias del video completo del debate, e invitar a la gente a que se entere; difundimos el video pidiéndole a las personas que se acercquen a recoger el casete gratuito, que se celebren reuniones familiares, con amigos y compañeros de trabajo, para ver el debate. “Entérate por ti mismo, y saca tus conclusiones” se llama la jornada que tenemos para reinvindicar el derecho a la información. El PRI presentó una denuncia en el Instituto Estatal Electoral y amenaza con hacerlo en el Ministerio Público por reproducir el video del que tiene “derechos de autor”. Los que “ganaron” el debate tienen escondida la cinta abajo del colchón, y los que “perdimos” lo andamos proyectando en plazas, reuniones, visitas domiciliarias. Ante la negativa de pagar conjuntamente una retransmisión, y ante la declinación de un posible segundo debate, por decirlo de una manera amable, conseguimos el apoyo para retransmitirlo en algunos canales de televisión de Ciudad Juárez y pagarlo en forma completa. Una ayudadota al candidato del PRI.

Pasaría a las ocho de la noche por Canal 44 el sábado 12 de junio, y a las ocho de mañana del día siguiente por el Canal 5, previo una campaña de difusión en ambos canales. Sin edición ni comerciales, completos los 110 minutos de duración.

El organismo electoral, el mismo que convocó al debate para que los ciudadanos tuvieran la oportunidad de verlo y comparar las propuestas de los candidatos de ambas coaliciones, a través de su presidente Julio César Santacruz Favela, emitió un oficio “a los medios de comunicación televisiva”, en el que los amenaza de consecuencias legales si lo retransmiten. Entregado en propia mano el mismo sábado 12 de junio, pocas horas antes de empezar la proyección en el Canal 44, el concesionario optó por suspender el programa. “El oficio es una amenaza, y las llamadas han sido más duras, no podemos”, me respondió uno de los propietarios. El canal 5 sí lo pasó, su propietario es Rafael Fitzmaurice. Este hecho de censura tiene un pretexto, la cláusula de un acuerdo celebrado por la asamblea general del IEE, en el que establece que “el audio y las imágenes que se generen con motivo del debate no podrán ser utilizados por los partidos políticos, candidatos o terceros con fines de propaganda electoral para denostar, descalificar, demeritar o agredir al contrario, a fin de garantizar la equidad en la contienda”.

Tiene una motivación: es claro que Baeza se siente profundamente descalificado para ser el gobernador de Chihuahua tras el debate del 4 de junio; pero ese sentimiento de derrota que hoy carga jamás provino por un insulto o injuria personal de nuestra parte sino de su desempeño. Él solo se demeritó y él solo se denosta cuando tras el debate corrompe el lenguaje. El que corrompe el lenguaje, corrompe la mente, desgasta las relaciones humanas, deforma los sentimientos, lo corrompe todo. Por eso son tan abominables la mentira como la censura.